El nombre original de Oaxaca, Huaxyacac, o “Lugar de los Guajes”, revela raíces profundas en el valle que vio nacer una de las civilizaciones zapotecas más influyentes del México antiguo. Entre el 500 a.C. y 800 d.C., Monte Albán —ubicado apenas a unos kilómetros— sostenía el epicentro político y religioso de la región. Hoy, las piedras milenarias y la planificación astronómica de esta ciudad precolombina siguen maravillando a quienes se adentran en sus misterios.

En 1532, la llegada española formalizó la capital virreinal. Oaxaca se tornó un enclave de resistencia y mestizaje donde barroco y neoclasicismo trazaron los senderos en arquitectura, ejemplo vivo en su Centro Histórico. Es ese espíritu de convergencia —piedra, rito y resistencia— el que define la identidad oaxaqueña hasta hoy.
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